Para los que no
son de Venezuela, el título viene a raíz de un documental realizado por unos jóvenes "universitarios" dónde resaltan una realidad. Que Caracas se está acostumbrando a
perder a muchos de sus jóvenes y profesionales que emprenden la huida de lo que
parece ser un desastre anunciado. Es normal ver que cada semana se diga que fulano
o mengano están a punto de irse a probar suerte en otro país, donde se presentan
nuevas oportunidades. Sólo donde yo trabajaba, en menos de 3 meses, más de 10 personas que yo conocía se habían marchado a diversos paises como España, Colombia, Mexico, Chile o Australia. Abajo les dejo el documental.
Más allá de la
forma de hacer las cosas y de la limitada capacidad mental de estos jóvenes para expresarse (triste panas, triste), han puesto sobre la palestra un tema que todos saben, pero del cual
no hay cifras oficiales a raíz de lo escandaloso que sería para el gobierno
actual de Venezuela (ver infografía). Ahora me pregunto yo ¿Es que acaso el
venezolano no quiere su tierra? Es difícil hablar por todo un país y no sería
lo correcto, así que sólo me limitaré a mi impresión personal del porqué me fui
y sin muchas ganas de volver. Esta decisión no fue algo que surgió de la nada,
sino que se gestó a partir de una serie de eventos, vivencias, percepciones y realidades, que con el
tiempo fueron formando una mezcla de sentimientos que eventualmente desembocó con mi propia versión de “me iría demasiado”.
Quizás lo
primero que encendió esa chispa de emigrar fue el hacerme una simple pregunta
¿Dónde me veo yo dentro de 5 años? Y esa pregunta me surgió a raíz de mi
incapacidad de independizarme ya que el dinero no alcanzaba para una vivienda. Hacía
una y mil veces cuentas y no había forma de lograr obtener los recursos sin dejar empeñado hasta el alma por 20 años. Podría conseguir una en Guarenas (ciudad satelite de Caracas), pero pensar en 3 horas de cola para llegar al trabajo me desmoralizaba. Un alquiler tampoco era rentable, ya que las
cuotas iban subiendo día a día (eso para mi es dinero perdido). Uno pensará que
con ser profesional universitario, bilingüe y con mucha experiencia sería
suficiente, pero no es así en Venezuela. Este país se ha convertido en país de
mercaderes, dónde el que sabe hacer negocio y tiene los contactos, es el que
hace dinero. Los profesionales se deben conformar con un cargo, que les de un
salario y algo de beneficios, trabajar mucho para que el dueño gane mucho y a
uno le quede la satisfacción del trabajo hecho.
A esto debemos
sumarle el tema del gobierno. Desde que Chávez llegó al poder, se ha empeñado
en ser el centro de atención del país. Ha tratado, de forma discreta
inicialmente, de invadir todos los espacios de la vida de las personas. Ha
controlado la venta del dólar, los precios de los alimentos, servicios,
alquileres y hasta lo que se debe ver por telévisión (a él). Sin que esto fuera suficiente, modificó el nombre del país, el número
de estados, la bandera y escudo nacional, la moneda y un sin fin de cosas, hasta el punto que
ya muchos hemos perdido nuestra identidad con el país en el que crecimos. Adicionalmente,
ha dividido a los venezolanos, creando un odio colectivo generalizado entre 2
grupos, los chavistas y los escuálidos. Su fórmula para lograr sus fines fue el
convertirse en un canalizador del resentimiento colectivo producto de años de malas políticas
y asociar este infortunio de muchos con el éxito y progreso de otros.
Más aun está el
tema de la economía venezolana que, hoy por hoy, es un desastre. Depende
casi exclusivamente del petróleo, con una inflación oficial de 30% anual (y
este es el valor bonito, el real es mucho más alto), la falta de productos básicos,
el costo de los productos importados (casi todos). Es increíble que exista un
país donde es más barato viajar a otro, comprar unos cuanto electrónicos y
volver, que comprar los mismos productos en tu propia tierra. Es increíble que no puedas escoger
el color de tu carro y que aparte debas sobornar al vendedor para que te lo dé.
Es inaceptable que nadie quiera ahorrar dinero porque vale nada al poco tiempo.
Parece una economía de guerra.
La gota que
derramó el vaso, fue la putrefacción total de la sociedad. A lo largo del
gobierno del presidente se han acentuado los anti-valores en todos los estratos.
Desde la delincuencia desbordada que ha llegado al punto de secuestrar
edificios completos, vagones de metro y supermercados en plena luz del día. La
irritación colectiva, que es palpable en el tráfico o en cualquier lugar, con gesticulaciones y amenazas. Es un caldero de cultivo para una violencia que en algún momento puede estallar y sobre todo el abuso de
poder de los que ejercen cargos públicos. Este último fue quizás el que terminó
de convencerme de que Venezuela no era dónde yo quisiera levantar una familia. Tuve
un desafortunado encuentro en una autopista, en medio de un pesado tráfico. Un
carro intentó adelantarse por el hombrillo y me negué a darle paso. A estas, el
individuo amenazó con chocar mi carro, lo cual no me importó, por la injusticia
de ceder a un abusador, finalmente el conductor bajó la ventana y era un militar
uniformado, en un carro civil ¡Que arrechera me dio! Sólo tuvo que mostrar que
era militar, para que yo entendiera que me vendrían problemas. La justicia en
Venezuela no esta con los justo, sino con los que están al poder. No es un país
para hacerte enemigos, si no tienes los recursos para enfrentarlos y menos por
una discusión de tránsito. Fue un día para dar un paso atrás, dejarle pasar y
pensar en mi futuro. Eso fue todo lo que necesitaba para terminar de
convencerme.
Decir si quiero
a mi país o no, es difícil de expresar ahora. Estoy lejos de mi tierra y siento
paz, como hace mucho no tengo. Aunque hay cosas que extraño, sé que mi sitio no
esta allá. La esperanza es llegar a Australia, formar mi familia y
establecer un nuevo hogar. Mi país lo llevo en mi corazón, es parte de mi
identidad, pero en lo que se ha convertido me entristece mucho y a la vez me llena rabia, ya que ese conjunto de condiciones me ha obligado a tomar una de las decisiones más duras y determinantes de mi vida. No creo que todos se quieran ir o que todos puedan. Yo tomé una decisión de acuerdo a mis sircunstancias y la proyecciones a futuro, tomando en cuenta la dinámica económica, política y social de mi país. Creo que el daño que se la ha hecho a nuestra sociedad es irreversible a mediano plazo y que necesariamente debe haber un cambio de rumbo para considerar volver.
Hay momentos en nuestras vidas en que nuestros destinos no están en nuestras manos como al tomar un avión, entrar a un quirófano o en una situación extraordinaria. Sin embargo, el seguir o no por ese destino depende de las decisiones que tomemos. Yo decidí que no dejaría que mi país me arrastrara a un futuro incierto y con tendencia al fracaso, por no aceptar dejar de lado mis valores para adaptarme a las nuevas reglas sociales y políticas. No seré un adulante del gobierno, no apoyaré el amiguísmo y no me interesa fomentar la corrupción para surgir. Creo plenamente en el valor de ser una persona de bien, con moral y principios. Quiero mantener mi identidad y no hundirme por ello. Es por eso que tomé la opción de irme, para volver a tener el control sobre mi presente y futuro. Sólo el tiempo dirá si ha sido la decisión correcta.
amix todos los del este del este se van demasiado y obvioo no vamos a limpiar pocetas en USA, amix tu tampoco..
ResponderEliminarHola TheMax, que bueno encontrar tu blog!!! nosotros (mi esposo y yo) también iniciamos nuestro proceso migratorio a Australia. Las razones para irnos las has descrito perfectamente. Así nos sentimos. Yo también abrí un blog para documentar esta jornada. Nos solo sirve de catarsis, sino que es una tremenda ayuda para quienes como yo estamos en el proceso, y deseamos leer historias que nos inspiren. Gente como uno que sí pudo, que está allá. Bueno, saludos para Val y para tí. Voy a seguir leyendo tu blog! jajaja bye!
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